martes, 14 de julio de 2015

Sin entusiasmo ni esperanza por el momento: Proceso estocástico en la Administración Pública valenciana (1)

 Tras las elecciones de mayo pasado quisiéramos superar  ya - como se afirma en una gran obra novela sobre el origen  de la ciudad  de Valencia - la historia llena de cadáveres que han sacrificado su vida por defender - sin saberlo -   la soberbia de personajes que bajo excusas políticas o divinas, se han movido únicamente por su descomunal ambición.  Una vez más se  vive  eso de que por muy nobles que parezcan los principios de grandes personajes, en el fondo sólo se mueven por codicia, vanidad y gloria, arrastrando en su enfermedad a todos aquellos idealistas simples y vocacionales. Dinámica que no cabe en un mundo desbocado y con unos retos muy claros para asegurar el progreso universal de la humanidad.
El tiempo que vivimos se parece a una especie  de neofeudalismo (eclesial, universitario, empresarial, político, sindical,…) que se nutre de las miserias del sistema económico y del ejército de reserva de súbditos. La depredación de hoy, por el momento, consiste ahora en quitar los meritos a los otros, aprovecharte del talento ajeno, sustraer dinero ajeno. Algo hemos avanzado pues antes la depredación era sobre la vida y su supervivencia.
Cuando escuchamos por doquier  discursos en torno a la economía social, del bien común, de la comunión, …, que apuestan  más por la dimensión  del trabajo personal   y de su desarrollo espiritual, creativo, intelectual, colectivo, que aquella que lo hace a favor  del capital en sus aspectos financieros, especulativos, beneficios, productividad, parece nos acercamos mas a los postulados seminales de la Ciencia de la Administración, y a la par, a lo que demanda la sociedad actual, algunos sectores religiosos, filosóficos, o de pensamiento económico. Ya en los ’80 del S. XX, Diez del Corral señalaba sin ambages la injusticia científica para con Von Stein frente al triunfo  de C.  Marx. Stein diría en 1850 (…) la sociedad, definida como sistema  de sujeción de carácter  fundamentalmente económico. La economía es la infraestructura de la sociedad y determina sus formas  según un orden riguroso de vinculaciones y  dependencias y sujeciones. El orden social se encuentra articulado en dos grandes clases; la de los que poseen y la de los que no poseen. Esto genera una dependencia del trabajo respecto de la propiedad, puesto que la materia solo la disponen un pocos frente al trabajo que lo poseen todos. La actividad humana destinada de un modo ordenado y sistemático a la elaboración de bienes económicos es el trabajo…
La vida de todo individuo consiste en la elaboración de bienes» y que «el acrecer el valor de los mismos se convierte en misión vital de la personalidad». Pero, además, el trabajo da lugar a una segunda dimensión de la personalidad en cuanto los bienes por él creados pertenecen, en principio, a quien los ha elaborado, se identifican con la personalidad y, por consiguiente, son tan -inviolables como la persona misma. Pero ni el trabajo ni la propiedad individual bastan por sí mismas para satisfacer las necesidades de los hombres, sino que para ello han de ser enlazadas con el trabajo y la propiedad de los demás. De este modo se origina un sistema de conexiones interhumanas, producido por la esencia misma de las necesidades y ordenado (…)

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